Jorge Martínez, entrenador de Alejandro Galán y Juan Lebrón en distintas etapas de su carrera, cree que la relación entre los dos jugadores terminará arreglándose en lo personal. En una entrevista con Àngels Fabregues, compañera del diario SPORT, el técnico madrileño habló sin rodeos de uno de los asuntos que más siguen generando ruido fuera de la pista en el pádel profesional: la distancia entre los dos ex número uno del mundo. No hay solución a la vista, pero tampoco la ve imposible.
La pregunta lleva dos años flotando sobre el circuito. Martínez, que ha entrenado a ambos y vivió desde dentro buena parte de su etapa como pareja, decidió responderla con la autoridad de quien conoce a los dos jugadores mejor que casi nadie fuera de sus círculos cercanos.
«Están condenados a entenderse»
La frase que ha dado título a la entrevista resume su diagnóstico. Martínez fue directo:
«Yo creo que Galán y Lebrón están condenados a entenderse. Son deportistas, son sanos, son gente noble que pueden tener sus diferencias porque los dos tienen mucho carácter, pero creo que serán reconciliables».
No es una frase suelta ni un gesto de cortesía hacia dos ex alumnos. El técnico fue más allá y reconoció que este distanciamiento ha sido, en sus propias palabras, una de las situaciones más incómodas que ha vivido emocionalmente con jugadores a su cargo. Entrenar a las dos partes de una ruptura deportiva, y seguir cerca de ambas, no es un lugar cómodo.
Tres años arriba, y una separación que se torció
Galán y Lebrón alcanzaron juntos el número uno del mundo y dominaron el circuito durante tres temporadas consecutivas, entre 2020 y 2022. Fue una de las parejas más sólidas que ha dado el pádel profesional, con una identidad reconocible dentro y fuera de la pista.
La separación llegó a comienzos de 2024, tras una etapa final que se fue complicando. Desde entonces, cada cruce entre ambos en un torneo se lee con una capa extra de atención: no es solo un partido, es el reencuentro de una pareja que ya no lo es.
Esta temporada ha tenido de todo. Episodios de tensión evidente, pero también algún gesto que ha rebajado la temperatura, como el abrazo que ambos se dieron después de enfrentarse en Málaga. Pequeño, pero significativo para quien sigue de cerca el culebrón.
Martínez no promete nada a corto plazo
El entrenador fue cuidadoso en no vender un final feliz inmediato:
«A corto plazo no habrá solución y espero que la haya a medio plazo. Las cosas con distancia se ven de otra manera y seguro que en un tiempo ellos lo verán de una manera distinta y podrán convivir porque son dos elementos muy importantes».
Ahí está la clave de su lectura: tiempo y distancia, no un gesto puntual, como ingredientes de una reconciliación personal. Y es importante remarcar el matiz que él mismo pone: habla de que puedan convivir, no de que vuelvan a jugar juntos.
Cada uno, en un proyecto que funciona
Ni Galán ni Lebrón necesitan al otro para seguir compitiendo arriba, y ese es un dato que pesa en cualquier lectura sobre una hipotética vuelta como pareja.
Alejandro Galán compite ahora junto a Fede Chingotto, con quien ocupa la segunda posición del FIP Race 2026 tras el Major de París, a 1.270 puntos de Coello y Tapia. Juan Lebrón forma pareja con Leo Augsburger, y el argentino-español está instalado en la quinta y sexta plaza de ese mismo ranking, con 5.655 puntos.
Los dos, además, tienen ya plaza asegurada en las Premier Padel Finals de diciembre en el Palau Sant Jordi. Es decir: la reconciliación de la que habla Martínez no depende de una necesidad deportiva de ninguno de los dos. Si llega, será porque ambos quieren, no porque el ranking les empuje.
El calendario, de hecho, va a seguir cruzándolos. Con el circuito parado en Majors hasta el próximo compromiso grande de la gira, el siguiente test de fondo para las nuevas parejas llega con el CUPRA Rotterdam P2, del 28 de septiembre al 4 de octubre. Ahí se sabrá si la distancia entre Galán-Chingotto y Coello-Tapia en el FIP Race se acorta, o si Lebrón-Augsburger aprietan desde la quinta plaza.
Lo que se aprende de rehacer una pareja que funcionaba
Hay una lectura que sirve a cualquiera que juegue en un club, no solo a quien sigue el circuito: Galán y Lebrón demuestran que romper una pareja que ganaba no obliga a empezar de cero. Los dos se han reconstruido con compañeros distintos y, en vez de desaparecer del mapa, siguen entre los mejores del mundo.
Es un patrón que se repite más de lo que parece en el pádel amateur: dos jugadores dejan de competir juntos, y uno de los dos —o los dos— dan por hecho que el nivel se resiente. Galán con Chingotto y Lebrón con Augsburger prueban lo contrario cuando la pareja se elige bien: el estilo cambia, pero el nivel se mantiene o mejora. La lección no es táctica, es de actitud: una separación deportiva no tiene por qué ser un paso atrás si se afronta buscando una pareja que complemente, no que sustituya.
Para quien no sigue el circuito día a día, el dato que resume la magnitud del asunto es sencillo: dos jugadores que fueron durante tres años la pareja más dominante de su deporte llevan más de dos sin hablarse con normalidad, y hace falta que un tercero, su propio ex entrenador, salga a decir en público que cree que se arreglará.
El pádel, como cualquier deporte con parejas fijas, tiene estas cosas: las rupturas se sienten distinto a las de un jugador individual, porque el vínculo era también profesional y, durante un tiempo, funcionó mejor que casi cualquier otro. Que su antiguo entrenador hable de ello con esta franqueza dice tanto del cariño que les tiene como de lo lejos que están todavía de resolverlo.
Larga Vida al pádel.
Por Redacción Vibrando Pádel · vibrandopadel.com
Entrevista completa: Jorge Martínez: «Galán y Lebrón serán reconciliables»




